Un bosquejo explicativo del libro de Apocalipsis

TP - Apocalipsis 1

Publicado por: John García

I. Introducción

“En los días de los apóstoles, los creyentes cristianos estaban llenos de celo y entusiasmo. Tan incansablemente trabajaban por su Maestro que, en un tiempo relativamente corto, a pesar de la terrible oposición, el Evangelio del reino se divulgó en todas las partes habitadas de la tierra… Los miembros de la iglesia estaban unidos en sentimiento y acción. El amor a Cristo era la cadena de oro que los unía. Progresaban en un conocimiento del Señor cada vez más perfecto, y en sus vidas se revelaba el gozo y la paz de Cristo. Visitaban a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y se guardaban sin mancha del mundo, pues comprendían que de no hacerlo, estarían contradiciendo su profesión y negando a su Redentor. La obra se llevaba adelante en cada ciudad. Se convertían almas y a su vez éstas sentían que era su deber hablar a otros acerca del inestimable tesoro que habían recibido. No podían descansar hasta que la luz que había iluminado sus mentes brillara sobre otros. Multitudes de incrédulos se enteraron de las razones de la esperanza cristiana. Se hacían fervientes e inspiradas súplicas personales a los errantes, a los perdidos y a los que, aunque profesaban conocer la verdad, eran más amadores de los placeres que de Dios.

Pero después de un tiempo el celo de los creyentes comenzó a disminuir, y su amor hacia Dios y su amor mutuo decrecieron. La frialdad penetró en la iglesia. Algunos se olvidaron de la manera maravillosa en que habían recibido la verdad. Uno tras otro, los viejos portaestandartes cayeron en su puesto. Algunos de los obreros más jóvenes, que podrían haber sobrellevado las cargas de los soldados de vanguardia, y así haberse preparado para dirigir sabiamente la obra, se habían cansado de las verdades tan a menudo repetidas. En su deseo de algo novedoso y sorprendente, intentaron introducir nuevas fases de doctrina, más placenteras para muchas mentes, pero en desarmonía con los principios fundamentales del Evangelio. A causa de su confianza en sí mismos y su ceguera espiritual no pudieron discernir que esos sofismas serían causa de que muchos pusieran en duda las experiencias anteriores, y así producirían confusión e incredulidad. Al insistirse en esas doctrinas falsas y aparecer diferencias, la vista de muchos fue desviada de Jesús, como el autor y consumador de su fe. La discusión de asuntos de doctrina sin importancia, y la contemplación de agradables fábulas de invención humana, ocuparon el tiempo que debiera haberse dedicado a predicar el Evangelio. Las multitudes que podrían haberse convencido y convertido por la fiel presentación de la verdad, quedaban desprevenidas. La piedad menguaba rápidamente y Satanás parecía estar a punto de dominar a los que decían seguir a Cristo.

Fue en esa hora crítica de la historia de la iglesia cuando Juan fue sentenciado al destierro. Nunca antes había necesitado la iglesia su voz como ahora. Casi todos sus anteriores asociados en el ministerio habían sufrido el martirio. El remanente de los creyentes sufría una terrible oposición. Según todas las apariencias, no estaba distante el día cuando los enemigos de la iglesia de Cristo triunfarían. Pero la mano del Señor se movía invisiblemente en las tinieblas. En la providencia de Dios, Juan fue colocado en un lugar donde Cristo podía darle una maravillosa revelación de sí mismo y de la verdad divina para la iluminación de las iglesias. Los enemigos de la verdad confiaban que al mantener a Juan en el destierro, silenciarían para siempre la voz de un fiel testigo de Dios; pero en Patmos, el discípulo recibió un mensaje cuya influencia continuaría fortaleciendo a la iglesia hasta el fin del tiempo. Aunque no se libraron de la responsabilidad de su mala acción, los que desterraron a Juan llegaron a ser instrumentos en las manos de Dios para realizar los propósitos del Cielo; y el mismo esfuerzo para extinguir la luz destacó vívidamente la verdad….

En la revelación que vio se desarrolló una escena tras otra de conmovedor interés en la experiencia del pueblo de Dios, y la historia de la iglesia fue predicha hasta el mismo fin del tiempo. En figuras y símbolos, se le presentaron a Juan asuntos de gran importancia, que él debía registrar para que los hijos de Dios que vivían en su tiempo y los que vivieran en siglos futuros pudieran tener una comprensión inteligente de los peligros y conflictos que los esperaban. Esa revelación fue dada para la orientación y el aliento de la iglesia durante la dispensación cristiana. Y sin embargo ha habido maestros religiosos que declararon que es un libro sellado y que sus secretos no pueden explicarse. Como resultado, muchos han dejado de lado el registro profético y rehusado dedicar tiempo al estudio de sus misterios. Pero Dios no desea que su pueblo considere así ese libro. Es “la revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder presto.” “Bienaventurado el que lee—dijo el Señor, —y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca.” Apocalipsis 1:1, 3. “Porque yo protesto a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios pondrá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro. El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve.” Apocalipsis 22:18-20.

En el Apocalipsis están reveladas las cosas profundas de Dios. El nombre mismo que fue dado a sus páginas inspiradas: El Apocalipsis o la Revelación, contradice la afirmación de que es un libro sellado. Una revelación es algo revelado. El Señor mismo reveló a su siervo los misterios contenidos en dicho libro y es su propósito que esté abierto al estudio de todos. Sus verdades se dirigen tanto a los que viven en los últimos días de la historia de esta tierra como a los que vivían en los días de Juan. Algunas de las escenas descritas en esa profecía pertenecen al pasado, otras se están cumpliendo ahora; algunas tienen que ver con el fin del gran conflicto entre los poderes de las tinieblas y el Príncipe del cielo, y otras revelan los triunfos y alegrías de los redimidos en la tierra nueva. Nadie piense que al no poder explicar el significado de cada símbolo del Apocalipsis, es inútil seguir escudriñando el libro en un esfuerzo de conocer el significado de la verdad que contiene. El que reveló esos misterios a Juan dará al investigador diligente de la verdad un goce anticipado de las cosas celestiales. Los que tengan sus corazones abiertos para la recepción de la verdad, serán capacitados para entender sus enseñanzas, y se les otorgará la bendición prometida a los que “oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas.” En el Apocalipsis todos los libros de la Biblia se encuentran y terminan. En él está el complemento del libro de Daniel. Uno es una profecía, el otro una revelación. El libro que fue sellado no fue el Apocalipsis, sino aquella porción de la profecía de Daniel que se refiere a los últimos días. El ángel ordenó: “Tú empero Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin.” Daniel 12:4.”[1]

En el capítulo 1 de Apocalipsis se nos habla del porqué del libro, a quién va dirigido, de quién proviene y cómo llegó hasta nosotros hoy.

¿Para qué Dios el Padre envió esta revelación? “Para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto” (Apocalipsis 1:1).

¿A quién la envió? “a sus siervos (de Dios)” (Apocalipsis 1:1).

“a las 7 iglesias que están en Asia, a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea” (Apocalipsis 1:4, 11).

¿De quién proviene? “que Dios le dio” (Apocalipsis 1:1).

¿Cómo llegó hasta nosotros? Dios el Padre se lo dio a Jesús, Jesús lo reveló a Juan su siervo por medio de su ángel (Dios>Jesús>Su ángel>Juan>7 iglesias) Apocalipsis 1:1.

¿Cuán importancia es ésta revelación? Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca (Apocalipsis 1:3).

El profeta dice: “Bienaventurado el que lee”: Hay quienes no quieren leer; la bendición no es para ellos. “Y los que oyen”: Hay algunos, también, que se niegan a oír cualquier cosa relativa a las profecías; la bendición no es tampoco para esa clase de personas. “Y guardan las cosas en ella escritas”: Muchos se niegan a tomar en cuenta las amonestaciones e instrucciones contenidas en el Apocalipsis. Ninguno de ellos tiene derecho a la bendición prometida. Todos los que ridiculizan los argumentos de la profecía y se mofan de los símbolos dados solemnemente en ella, todos los que se niegan a reformar sus vidas y a prepararse para la venida del Hijo del hombre, no serán bendecidos.

Ante semejante testimonio de la Inspiración, ¿cómo se atreven los hombres a enseñar que el Apocalipsis es un misterio fuera del alcance de la inteligencia humana? Es un misterio revelado, un libro abierto. El estudio del Apocalipsis nos lleva a las profecías de Daniel, y ambos libros contienen enseñanzas de suma importancia, dadas por Dios a los hombres, acerca de los acontecimientos que han de desarrollarse al fin de la historia de este mundo.

A San Juan le fueron descubiertos cuadros de la experiencia de la iglesia que resultaban de interés profundo y conmovedor. Vio las circunstancias, los peligros, las luchas y la liberación final del pueblo de Dios. Consigna los mensajes finales que han de hacer madurar la mies de la tierra, ya sea en gavillas para el granero celestial, o en manojos para los fuegos de la destrucción. Le fueron revelados asuntos de suma importancia, especialmente para la última iglesia, con el objeto de que los que se volviesen del error a la verdad pudiesen ser instruidos con respecto a los peligros y luchas que les esperaban. Nadie necesita estar a oscuras en lo que concierne a lo que ha de acontecer en la tierra.

¿Por qué existe, pues, esta ignorancia general acerca de tan importante porción de las Escrituras? ¿Por qué es tan universal la falta de voluntad para investigar sus enseñanzas? Es resultado de un esfuerzo del príncipe de las tinieblas para ocultar a los hombres lo que revela sus engaños. Por esto Cristo, el Revelador, previendo la guerra que se haría al estudio del Apocalipsis, pronunció una bendición sobre cuantos leyesen, oyesen y guardasen las palabras de la profecía. {CS 340-341}.

II. Verdades Fundamentales para comprender el libro del Apocalipsis

Antes de Cristo proceder a explicar a Juan y a su pueblo los eventos de las líneas proféticas comienza a explicar unas serie de verdades fundamentales que son necesarias para entender el resto de la profecía.

Por esto el libro del Apocalipsis no es para cualquiera, sino para “los siervos” para “las siete iglesias”. No es para los incrédulos, sino para los fieles. ¿Cuáles son esas verdades fundamentales?

Verdad Inicial: la
Justificación por la Fe.

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros…” (Apocalipsis 1:4)

La primera gran verdad a conocer y experimentar, es la gran verdad de la justificación por la fe. Y esta verdad nos da lo que es el deseo de Dios: gracia y paz:

“La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.” (Lucas 16:16)

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan 1:17)

Juan vino a preparar el camino al Señor. De modo que para que la gracia y la verdad pueda ser recibida y apreciada, se necesita que la ley y los profetas hagan su obra de convencer de pecado. En este contexto, analicemos este pensamiento:

El apóstol Pablo dice que “por medio de la ley es el conocimiento del pecado”, “y mientras no esté el hombre completamente convencido de sus pecados, no puede sentir verdaderamente la necesidad de la sangre expiatoria de Cristo […]. Como lo dijo nuestro Señor, ‘los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos’. Es por lo tanto absurdo ofrecerle médico al que está sano o que cuando menos cree estarlo. Primeramente tenéis que convencerle de que está enfermo; de otro modo no os agradecerá la molestia que por él os dais. Es igualmente absurdo ofrecer a Cristo a aquellos cuyo corazón no ha sido quebrantado todavía” (ibíd.). {CS 267-268}

Para que la gracia y la verdad de Jesús pudiese llegar primero debía Juan preparar el camino (Mateo 3:2-3). Juan predicó la ley y las profecías, y exhortó al pueblo a que no confiara en una esperanza vana por su filiación carnal sino en los frutos de su arrepentimiento de los pecados (transgresión de la ley) y en su obediencia a la misma (Mateo 3:4-9). A su vez advertía que los que no dieran frutos de justicia entonces serían cortados, y esto sería cuando viniera Jesús quién bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Pentecostés), limpiaría su era y recogería el trigo (separación de los fieles de los infieles, iglesia cristiana aparte de la judía) y quemaría la paja (destrucción de Jerusalén-año 70DC) (Mateo 3:10-12).

Cuando llegó Jesús, llegó la gracia y la verdad. El ministerio de Juan tenía como propósito el hacer sentir al pueblo su debilidad de no poder obedecer perfectamente la ley. Jesús repitió las verdades de Juan al reafirmar que debíamos: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” (Mateo 5:8)

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 5:17-20)

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” (Mateo 5:48)

Aquí Jesús exhorta a que el espera de todos sus discípulos la perfección y pureza para entrar en el cielo. Pero aclaró que se necesita la gracia de Dios para llevarnos a alcanzar dicha perfección.

Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios… Juan 3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Juan 3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es… Juan 3:14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, Juan 3:15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

Nos muestra Jesús que es imposible la perfección a menos que haya un cambio de naturaleza, de una naturaleza carnal que todos traemos al nacer a una naturaleza espiritual. Esta naturaleza espiritual según Jesús es solo posible por medio del Espíritu Santo. ¿Y cómo es posible ser objeto de esta obra del espíritu? Jesús dice que cuando la gente lo contempla crucificado por los pecados del mundo son llevados al nacimiento de la fe y si se dejan llevar por la fe entonces tendrá vida eterna y será justificado. ¿¡Sencillo verdad!?

“(13) Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. (14) Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:13-14)

Por medio de la parábola Cristo enseña que la justificación es igual a la humillación, pero a la humillación espiritual cuando reconocemos con sinceridad y dolor lo que somos-pecadores-. Y que el confiar en nuestra supuesta obediencia a la letra de la ley y jactarnos de ello nos quita la justificación.

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” (Juan 15:4)

Aquí Jesús enseña que luego de unirnos a él por la fe que inspira o sopla el espíritu santo en nosotros hemos de permanecer unidos a él para poder llevar fruto. Ese fruto del cual hablaba Juan solo se logra por la unión espiritual (no carnal) con Cristo. Y una unión de fe en fe: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” (Juan 1:16)

Cuando somos justificados por la fe tenemos paz (Romanos 5:1). Solo así hay gracia y paz.

Verdad Siguiente: los 3 poderes celestiales.

Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo” (Apocalipsis 1:4-5)

Se menciona que los que están detrás de nuestra salvación, detrás del deseo de gracia y paz son el Padre, el Hijo y los siete espíritus.

El Padre se presenta como el que tiene una eternidad sin fin, una eternidad pasada presente y futura, el cual es el origen de esa gracia.

“La fuente de la bendición.–“Del que es y que era y que ha de venir,” o ha de ser, una expresión la cual significa completa eternidad, pasada y futura, y que puede ser aplicada únicamente a Dios el Padre. Este lenguaje, creemos, nunca es aplicado a Cristo. De él se habla como otra persona, en distinción del ser aquí descrito.”[2]

Jesús es el medio por quien vino esa gracia y paz.

Y los siete espíritus (alusión a la obra perfecta y completa del espíritu santo) es quien hace efectiva en nosotros esa gracia y paz.

“Incuestionablemente, esta es una simple designación del Espíritu Santo, presentado de esta forma para significar la perfección y plenitud. Pero no podría describirse así si fuese persona. Nunca leemos de acerca de siete Dioses o siete Cristos”[3].

Verdad Siguiente: el ministerio de Cristo.

y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” (Apocalipsis 1:5-7)

Aquí se nos habla de la posición, obra y futuro de Cristo.

Posición: fue testigo fiel en su vida y su muerte, se convirtió en primogénito de los muertos al ser el primero en resucitar de la segunda muerte y es el soberano de los reyes de la tierra al recuperar el dominio de la tierra de la mano de Satanás quien se lo había quitado a Adán.

“Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;” (1º Corintios 1:30)

Obra pasada eterna en el cielo: nos amó y por amor vino a sufrir (sabiduría)

Obra pasada temporal y en la tierra: Con su sangre nos lavó (justificación).

Obra presente y en nuestra vida: nos hizo reyes y sacerdotes (santificación).

Obra futura: viene con las nubes (redención).

Al final el Padre da su firma:

“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (Apocalipsis 1:8)

Próximo estudio: las cuatro líneas proféticas del Apocalipsis y la visión introductoria de Cristo glorificado.

 

[1] WHITE, Elena G., Hechos de los Apóstoles, pp.461-467

[2] Uriah Smith, Apocalipsis, Cap. 1. Versión 1872

[3] Uriah Smith, Review and Herald; 28 de Octubre de 1890

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