Salud

¿Te estás alimentando bien?

Es la variedad y la mezcla de carne, verduras, frutas, vinos, té, café, tortas dulces y pasteles concentrados lo que arruina el estómago y coloca a los seres humanos en la posición de inválidos, con todos los desagradables defectos que la enfermedad ejerce en su estado de ánimo. Una experiencia religiosa enfermiza es resultado de un carácter pervertido y de un apetito depravado. Las palabras del apóstol a los Romanos debieran ser repetidas a todas las iglesias y familias: “Así, hermanos, os ruego por la misericordia de Dios, que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto razonable. Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que podáis comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1, 2).

Se puede alcanzar la perfección de un carácter cristiano. Al acercarnos al fin de la historia de este mundo, descubriremos que todo el mundo se está convirtiendo en un asilo de leprosos, y la transgresión de la ley de Dios está trayendo un resultado inequívoco. [Deuteronomio 4:1-9 citado].

En el quinto capítulo de este libro se repiten los mandamientos de Dios. [Versículos 6-21 citados]. Todo el capítulo es muy categórico. Lea los versículos 29 al 33, la voluntad de Dios se presenta nuevamente en el octavo capítulo, versículos 1-15. Para que no olvidaran los requerimientos de Dios, debían ponerle música y cantarlos en las congregaciones de Israel. (Deuteronomio 10:12-22, 11:26-32 citados). Todo el capítulo contiene la expresa voluntad de Dios.

Presento la Palabra del Señor Dios de Israel. Debido a la transgresión, la maldición de Dios vino sobre la tierra misma, sobre el ganado y sobre toda carne. Los seres humanos están sufriendo el resultado de su propia conducta al apartarse de los mandamientos de Dios. Las bestias también sufren bajo la maldición. El consumo de carne no debe prescribiese para ningún inválido por parte de ningún médico que entienda estas cosas. Las enfermedades de los animales están haciendo que el consumo de carne sea un asunto peligroso. La maldición del Señor está sobre la tierra, sobre el hombre, sobre las bestias y sobre los peces del mar; y a medida que la transgresión llega a ser casi universal, se permitirá que la maldición se haga tan amplia, tan profunda como la transgresión misma. Se contraen enfermedades por el uso de la carne. La carne enferma de estos cadáveres se vende en los mercados, y el seguro resultado es enfermedad entre los hombres.

El Señor llevará a sus hijos hasta el punto en que ellos no tocarán ni gustarán la carne de animales muertos. No prescriba, pues, estas cosas ningún médico que tiene un conocimiento de la verdad para este tiempo. No hay seguridad en el consumo de carne de animales muertos, y dentro de poco tiempo la leche de las vacas también será excluida del régimen del pueblo que guarda los mandamientos de Dios. Dentro de un corto tiempo no será seguro usar ninguna cosa que proceda de la creación animal. Los que acepten sin reservas lo que Dios dice y obedezcan sus mandamientos de todo corazón, serán bendecidos. Él será su escudo protector. Pero con el Señor no se puede jugar. La desconfianza, la desobediencia, el enajenamiento de la voluntad y del camino de Dios, colocarán al pecador en una posición donde el Señor no puede darle su favor divino…

De nuevo me referiré al asunto del régimen. No podemos hacer ahora lo que nos aventuramos a hacer en lo pasado con respecto al consumo de carne. Siempre ha sido una maldición para la familia humana. Pero ahora lo es en forma particular dentro de la maldición que Dios ha pronunciado sobre los rebaños del campo, debido a la transgresión y al pecado del hombre. La enfermedad entre los animales está llegando a ser cada vez más común y nuestra única seguridad ahora consiste en dejar la carne enteramente. Prevalecen actualmente las más graves enfermedades, y la última cosa que deben hacer los médicos que han sido iluminados es aconsejar comer carne a sus pacientes. Debido al consumo de carne, que en tan vasto grado se hace en este país, los hombres y las mujeres se están desmoralizando, su sangre se corrompe y las enfermedades se implantan en el organismo. Debido al consumo de carne muchos mueren, y no entienden la causa. Si se conociera la verdad, se daría testimonio de que fue la carne de los animales la que pasó por la muerte. El pensamiento de alimentarse de carne de animales muertos es repulsivo, pero hay algo más, además de esto: al comer carne participamos de sus enfermedades y ésta siembra sus semillas de corrupción en el organismo humano.

Le escribo, hermano mío, para que no se siga prescribiendo en nuestro sanatorio el consumo de carne de animales. No hay excusa para esto. No existe seguridad en las consecuencias y los resultados que ello tiene sobre la mente humana. Seamos reformadores en pro de la salud en todo el sentido del término. Dése a conocer en nuestras instituciones el hecho de que ya no se sirve carne en la mesa, ni aun para los clientes; y entonces la educación que se da sobre el abandono de la carne no consistirá sólo en palabras sino en hechos. Si la clientela es menor, que lo sea. Los principios serán de un valor mucho mayor cuando se entiendan, cuando se sepa que no se quitará la vida de ningún ser para sostener la vida del cristiano.

En este país vemos la gran necesidad de que nuestras palabras armonicen con los hechos. En el momento oportuno tuve una conversación categórica con los médicos y pienso que ahora el asunto está claro entre ellos.

El sábado hablé sobre este tema y la iglesia estaba llena de creyentes y no creyentes, por lo tanto, sin lugar a dudas, ellos conocen ahora nuestra posición. Por supuesto, debe haber abundancia de frutas y granos bien cocidos. Por nuestro ejemplo les estamos enseñando a hacer hornos fuera de la casa y hornear su propio pan. Tres familias usan nuestro horno de ladrillos y es una gran bendición para todos nosotros. Yo sigo con mi sistema de dos comidas diarias y me alimento frugalmente y rara vez sé lo que significa tener hambre. Aunque a veces las circunstancias nos obligan a no comer nuestras comidas en las horas acostumbradas, aun así, no siento hambre.

[info_box]Carta 59, del 26 de julio de 1898_ EL “Carta 59, del 26 de julio de 1898” _ También vea 7ABC 17; CDF 410-12.[/info_box]

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