Dos cosas me gustarían mencionarte: lo primero, es que no puedo dejar de asombrarme al contemplar lo abarcante que es la Palabra de Dios para nuestras vidas. Y segundo, que cualquier decisión que tomemos en nuestra vida anulando su consejo, implica aceptar los riesgos de vivir alejados de Dios, de su presencia, de su espíritu, y aceptar las consecuencias que eso conlleva.

Hace unos días, estudiando sobre la Revolución Francesa como un cambio trascendental para la historia de la humanidad, encuentro que, desde la mirada de determinada historiografía, la Revolución de 1789 (el asalto al poder de la clase media, con el apoyo de las masas) es todo un mismo proceso a la ocurrida en 1793, también llamada “el Reino del Terror”. Durante 3 años, la República francesa estuvo bajo el poder de la más despiadada horda, en pos de la Razón, y en contra de todo lo que tuviese que ver con la Palabra de Dios. Arrancando la cizaña, se llevaron también el buen trigo.

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