feciega
Publicado por: John García

“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende; exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias (deseos pecaminosos), Y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2º Timoteo 4:2-4)

Dios nos vio perdidos por la decisión de nuestros primeros padres, condenados a la destrucción eterna. Y por su grande amor, envió a su Hijo Unigénito, a su único Hijo engendrado. Nuestro Señor Jesús vino a hacerse como nosotros con nuestra humanidad pecaminosa para con nuestros pecados morir en la cruz y así pagar por ellos dándonos la posibilidad de ser salvos por la fe en su sacrificio sustitutorio. ¡Sí, mi amigo! Puedes ser salvo de cualquier pecado por su sangre. La muerte que entró por un solo pecado cometido una sola vez, será destruida por el sacrificio de Cristo. La Biblia es muy clara: “la sangre de su hijo nos limpia de TODO pecado” y “el Cordero que quita el pecado del mundo” (1 Juan 1:7 y Juan 1:29). ¡El Cordero por su sangre nos quita y limpia TODO pecado! Pero, ¿qué es fundamental para que esta bendición se cumpla? Leer más...

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Publicado por: Leandro Pena

1. El conocimiento adecuado de Dios no se puede obtener a través del intelecto humano.

Job 11:7-9 “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? (8) Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás? (9) Su dimensión es más extensa que la tierra, Y más ancha que el mar.”

Job 23:8-9 “He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; Y al occidente, y no lo percibiré; (9) Si muestra su poder al norte, yo no lo veré; Al sur se esconderá, y no lo veré.”

1º Corintios 2:7-12 “Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, (8) la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. (9) Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. (10) Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. (11) Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. (12) Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.” Leer más...