Dos cosas me gustarían mencionarte: lo primero, es que no puedo dejar de asombrarme al contemplar lo abarcante que es la Palabra de Dios para nuestras vidas. Y segundo, que cualquier decisión que tomemos en nuestra vida anulando su consejo, implica aceptar los riesgos de vivir alejados de Dios, de su presencia, de su espíritu, y aceptar las consecuencias que eso conlleva.

Hace unos días, estudiando sobre la Revolución Francesa como un cambio trascendental para la historia de la humanidad, encuentro que, desde la mirada de determinada historiografía, la Revolución de 1789 (el asalto al poder de la clase media, con el apoyo de las masas) es todo un mismo proceso a la ocurrida en 1793, también llamada “el Reino del Terror”. Durante 3 años, la República francesa estuvo bajo el poder de la más despiadada horda, en pos de la Razón, y en contra de todo lo que tuviese que ver con la Palabra de Dios. Arrancando la cizaña, se llevaron también el buen trigo.

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J. N. Loughborough fué el primer historiador de la denominación. Estuvo presente en más de 50 ocasiones en que Elena de White recibió visiones y relata los fascinantes fenómenos que las acompañaban. A pedido de Elena de White, escribió la historia del movimiento adventista en los siguientes libros: El Surgimiento y Progreso de los Adventistas del Séptimo Dia y El Gran Movimiento Adventista. El vibrante relato de este testigo ocular lo reavivará a usted. Loughborough dijo: “Ya existen muchos libros útiles a disposición del público, y mi justificación por añadir otro a la lista es que en estas páginas afirmo muchas cosas respecto de los adventistas, y especialmente, a los adventistas del séptimo día, que hasta ahora no habían salido a la luz en esta forma. Además, muchos que participaron de la causa en años posteriores, y que no fueron testigos de las cosas que se mencionan, han solicitado fervientemente una narración de estos hechos y experiencias de los que estuvieron antes de ellos en la obra. Por estar familiarizado con el movimiento adventista en 1843 y 1844, y habiendo proclamado la doctrina desde el 2 de enero de 1849, primero como un adventista, y desde 1852 como un adventista del séptimo día, estimo un placer ‘hablar de las cosas que he visto y oído’.”

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Testimonio de Elena de White sobre su Esposo, Jaime White

“Dios debe recibir la gloria por la integridad inquebrantable, y el noble valor que mi esposo había tenido, para vindicar lo recto y condenar lo erróneo. Tal firmeza y decisión eran necesarias en el comienzo de la obra, y se han necesitado todo el tiempo, mientras ésta progresaba paso a paso. El ha actuado en defensa de la verdad, sin ceder en un solo principio para agradar al mejor amigo. Había tenido un temperamento ardiente, había sido valiente y atrevido para hablar. Esto a menudo lo había puesto en dificultades que frecuentemente podría haber evitado… Después que Dios nos hubo probado en el horno de aflicción, él levantó a mi esposo y le dio mayor claridad de mente y poder de intelecto, para planear y ejecutar que los que había tenido antes de su aflicción.

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