“Veo, por cartas desde Nueva York que el Hermano Brown ha aceptado y ahora está predicando la teoría de que la tierra es plana. ¿Es posible que esta teoría haya sido traída por el hermano Wilcox de Inglaterra y que usted la ha aceptado y la está enseñando? Mi hermano, nuestro trabajo es enseñar el mensaje del tercer ángel. Apéguese al mensaje. Es una debilidad del Anciano Wilcox, esto de apegarse a aficiones y aferrarse a algunas cosas que sería mejor que él abandonara. Cualquier clase de teoría o pasatiempo que Satanás pueda crear para llevar a las mentes de los hombres a detenerse, él lo hará para llamar la atención, para que no se comprometan a dar el mensaje solemne para este tiempo. Mi hermano, no se enrede con ideas que no tienen ninguna conexión con el trabajo para este tiempo. Es mejor enseñar la verdad como es en Jesús. Mejor es buscar la verdadera piedad, la santidad del corazón, la libertad de todo egoísmo, la libertad de todas las envidias y celos. Es mejor orar y humillar el alma ante Dios y dejar que la tierra, redonda o plana, sea como Dios la haya hecho. Trate con seriedad, por la fiel permanencia en el hacer lo bueno, de buscar un título de propiedad en la herencia de la tierra hecha nueva. Mejor conduzca el rebaño de Dios a beber en los arroyos superiores; Mejor, por precepto y por ejemplo, busque a Dios mientras pueda ser encontrado. Invocadle mientras está cerca. Es necesario un avivamiento en la iglesia. Cuando los maestros están bebiendo tragos refrescantes del pozo de Belén, entonces pueden llevar al pueblo a las corrientes vivas. Mi alma está agobiada por la carga de la condición de las cosas en Nueva York. Que el Señor levante ayudantes, hombres a quienes Él pueda enseñar, hombres humildes a quienes Él pueda guiar a llevar un testimonio claro y agudo en la fe. Dios le ayude a buscar Su rostro, a andar con cuidado, a apartar el yo y a exaltar a Jesús.” (MANUSCRITOS LIBERADOS – TOMO 21 – PG 412)

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J. N. Loughborough fué el primer historiador de la denominación. Estuvo presente en más de 50 ocasiones en que Elena de White recibió visiones y relata los fascinantes fenómenos que las acompañaban. A pedido de Elena de White, escribió la historia del movimiento adventista en los siguientes libros: El Surgimiento y Progreso de los Adventistas del Séptimo Dia y El Gran Movimiento Adventista. El vibrante relato de este testigo ocular lo reavivará a usted. Loughborough dijo: “Ya existen muchos libros útiles a disposición del público, y mi justificación por añadir otro a la lista es que en estas páginas afirmo muchas cosas respecto de los adventistas, y especialmente, a los adventistas del séptimo día, que hasta ahora no habían salido a la luz en esta forma. Además, muchos que participaron de la causa en años posteriores, y que no fueron testigos de las cosas que se mencionan, han solicitado fervientemente una narración de estos hechos y experiencias de los que estuvieron antes de ellos en la obra. Por estar familiarizado con el movimiento adventista en 1843 y 1844, y habiendo proclamado la doctrina desde el 2 de enero de 1849, primero como un adventista, y desde 1852 como un adventista del séptimo día, estimo un placer ‘hablar de las cosas que he visto y oído’.”

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Según Elea White,

Mensajes Selectos, Tomo 2, p.258 – “Estoy agradecida porque el pastor [J. N.] Loughborough todavía puede utilizar sus habilidades y sus dones en la obra de Dios. Ha permanecido fiel en medio de las tormentas y de las luchas. El puede decir, juntamente con el pastor Smith, con mi esposo, con el Hno. Butler, quien se unió con nosotros en un período posterior, y con Ud. mismo [S. N. Haskell]: “Lo que era desde el principio, … lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”. 1 Juan 1:1-3.” { 2MS 258.2; 2SM.225.4 }

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Testimonio de Elena de White sobre su Esposo, Jaime White

“Dios debe recibir la gloria por la integridad inquebrantable, y el noble valor que mi esposo había tenido, para vindicar lo recto y condenar lo erróneo. Tal firmeza y decisión eran necesarias en el comienzo de la obra, y se han necesitado todo el tiempo, mientras ésta progresaba paso a paso. El ha actuado en defensa de la verdad, sin ceder en un solo principio para agradar al mejor amigo. Había tenido un temperamento ardiente, había sido valiente y atrevido para hablar. Esto a menudo lo había puesto en dificultades que frecuentemente podría haber evitado… Después que Dios nos hubo probado en el horno de aflicción, él levantó a mi esposo y le dio mayor claridad de mente y poder de intelecto, para planear y ejecutar que los que había tenido antes de su aflicción.

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Quién fue Joseph Bates

Quién fue Joseph Bates, según Elena de White:

“Mi esposo, junto con los pastores José Bates, Esteban Pierce, Hiram Edson, y otros que eran inteligentes, nobles y veraces, estaba entre aquellos que, después que pasó el tiempo en 1844, escudriñaron en procura de la verdad como un tesoro escondido. { TM 24.3; TM.24.2 }

Joseph Bates y la doctrina de la Trinidad

“Mis padres eran desde hace tiempo miembros de la Iglesia Congregacional, junto con todos sus hijos convertidos hasta el momento, y ansiosamente esperaban que nos uniéramos a ellos. Pero abrazaron algunos puntos de fe que yo no podía entender. Sólo nombraré dos: la forma de bautismo y la doctrina de la Trinidad. Mi padre, quien había sido diácono desde hace mucho tiempo, trató de convencerme que ellos tenían razón en los puntos de doctrina.… Con respecto a la Trinidadconcluí que era una imposibilidad para mí creer que el Señor Jesucristo, el Hijo del Padre, era además el Dios Todopoderoso, el Padre, uno y el mismo ser. Le dije a mi padre, “Si me puedes convencer que en este sentido somos uno, de que tú eres mi padre, y yo tu hijo y que también yo soy tú padre y tú mi hijo, entonces puedo creer en la trinidad.” (Josep Bates, 1868, La Autobiografía del Anciano José Bates, p. 204) 

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carta66Estimados, compartimos con ustedes una primer edición de la Carta 66 traducida integra al español. Queremos agradecer junto a mi esposa por este medio la colaboración del hno. Daniel Bernhardt, quién sin él no hubiésemos podido finalizarlo. Seguramente existirán mejores formas de hacerlo, pero no es el propósito hacerlo de forma perfecta en esta primera tirada, más bien invitarlos a ver la riqueza de un texto oculto hasta el año 2015, cuando vió la luz luego de la apertura de los escritos no publicados de EGW. Los mismos pueden ser consultados en la biblioteca virtual de Ellen White, mejor conocida como http://egwwritings.org.

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TP - Apocalipsis 1

Publicado por: John García

I. Introducción

“En los días de los apóstoles, los creyentes cristianos estaban llenos de celo y entusiasmo. Tan incansablemente trabajaban por su Maestro que, en un tiempo relativamente corto, a pesar de la terrible oposición, el Evangelio del reino se divulgó en todas las partes habitadas de la tierra… Los miembros de la iglesia estaban unidos en sentimiento y acción. El amor a Cristo era la cadena de oro que los unía. Progresaban en un conocimiento del Señor cada vez más perfecto, y en sus vidas se revelaba el gozo y la paz de Cristo. Visitaban a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y se guardaban sin mancha del mundo, pues comprendían que de no hacerlo, estarían contradiciendo su profesión y negando a su Redentor. La obra se llevaba adelante en cada ciudad. Se convertían almas y a su vez éstas sentían que era su deber hablar a otros acerca del inestimable tesoro que habían recibido. No podían descansar hasta que la luz que había iluminado sus mentes brillara sobre otros. Multitudes de incrédulos se enteraron de las razones de la esperanza cristiana. Se hacían fervientes e inspiradas súplicas personales a los errantes, a los perdidos y a los que, aunque profesaban conocer la verdad, eran más amadores de los placeres que de Dios.

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“La vida en Cristo es una vida de reposo. Puede no haber éxtasis de la sensibilidad, pero debe haber una confianza continua y apacible. Vuestra esperanza no está en vosotros; está en Cristo. Vuestra debilidad está unida a su fuerza, vuestra ignorancia a su sabiduría, vuestra fragilidad a su eterno poder. Así que no debéis miraros a vosotros, ni depender de vosotros, mas mirad a Cristo. Pensad en su amor, en su belleza y en la perfección de su carácter. Cristo en su abnegación, Cristo en su humillación, Cristo en su pureza y santidad, Cristo en su incomparable amor: esto es lo que debe contemplar el alma. Amándole, imitándole, dependiendo enteramente de él, es como seréis transformados a su semejanza.” (El Camino a Cristo, pág. 52).

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