Serie Justificación por la Fe

Que es el Bautismo

Capítulo 1

Del Diccionario

Tomando como referencia la palabra griega utilizada en la mayoría de las versiones bíblicas, la palabra “bautismo” o baptízo (βαπτίζω) encontrada por la sigla G907 en el diccionario Strong arroja la siguiente definición:

un derivado de G911; dejar abrumado (i.e. completamente mojado); usado solo (en el N.T.) de la ablución ceremonial, específicamente (tecnicamente) de la ordenanza del bautismo crist:- bautismo, bautizar, lavar.”

Aquel derivado mencionado en la referencia cruzada del Strong nos amplia aún más este tema:

(G911) βάπτω; bápto: verbo primario, arrollar, inundar, i.e. cubrir completamente con un fluido; en el N.T. solo en un sentido especial y calificado, i.e. (literalmente) mojar (una parte de una persona), o (por implicación) manchar (como con tintura):- teñir, mojar, bañar.”

Pero, ¿Qué dice la Biblia sobre este punto tan importante en la vida del cristiano?

Como una doctrina

Pablo se refiere al mismo como parte de la doctrina de Cristo:

Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.” (Hebreos 6:1-2)

El apóstol menciona además el bautismo como un pilar de la unidad cristiana, y por sobre todo destaca un solo bautismo como base del mismo:

Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.” (Efesios 4:1-6)

Si como hermanos procuramos la unidad de la iglesia, ¡debemos prestar atención a este punto! Estos fueron los pasos que dieron los apóstoles, en cumplimiento de la promesa: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es; Habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1)

Como un simbolismo

En las cartas de Pablo dadas a los Romanos y Colosenses presenta el bautismo como un simbolismo de la muerte de Cristo en la vida de cada creyente. Veremos a continuación que bautismo (o sumergír) es sinónimo de muerte, pero no literal sino espiritual. El ejemplo dado por el apóstol en la carta de Romanos nos da una idea al respecto:

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 6:3-11; RV1960)

Por lo tanto,

  1. BAUTISMO = MUERTE = SEMEJANZA A LA MUERTE DE CRISTO
  2. SEMEJANZA = MUERTE, SEPULTURA, RESURRECCIÓN
  3. MUERTE = JUSTIFICACIÓN DEL PECADO = DESTRUCCIÓN DEL CUERPO DEL PECADO

Así también, Pablo vuelve repetir el concepto sobre de bautismo como “sepultura” en la carta de los Colosenses:

sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.” (Colosenses 2:12; RV1960)

Entonces, podemos concluir hasta aquí, que el bautismo es un símbolo de la muerte espiritual del cristiano.

Sin embargo, el mismo Señor Jesús habla del mismo como un “nuevo nacimiento”. ¿Cómo es posible que bautismo pueda ser tanto muerte como vida a la vez? ¿No es una contradicción?

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:3-5; RV1960)

El mismo ejemplo dado por Nicodemo contesta nuestra pregunta: “¿puede un hombre nacer siendo viejo?” Parafraseando lo que dijo y tomando un ejemplo de las leyes físicas: ¿Puede el agua caliente volver a calentarse? Si, pero primero debe enfriarse. ¿Puede el hombre nacer siendo viejo? Si, pero primero debe morir.

Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.” (1° Corintios 15:36; RV1960)

Así también lo presenta el apóstol Pablo, como ya vimos desde la resurrección, así también como un lavamiento “de la regeneración”.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:4-6; RV1960)

Entonces, concluimos finalmente que el bautismo es un símbolo del proceso realizado por el creyente, que consta de la muerte, sepultura y resurrección espiritual del mismo juntamente con Cristo. Este proceso de conversión radica en un cambio: la muerte de una antigua naturaleza para dar lugar a una nueva.

La necesidad del Bautismo

Luego de la magnífica presentación dada por el apóstol Pedro en el día del Pentecostés explicando con lujo de detalles la humanidad y divinidad combinadas en Cristo Jesús, el accionar del Padre para su resurrección y la promesa del Espíritu, los oyentes le preguntaron: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37)

Todo aquel que reconoce a Cristo Jesús como su Señor, y reconoce a Dios como quién le levantó de los muertos dará testimonio del mismo. La pregunta es, ¿por qué es importante dar el paso del bautismo?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38; RV1960)

El discípulo y apóstol de Cristo le respondió con toda convicción: para perdón de los pecados, y como preparación para recibir el don del Espíritu.

Palabras que amplían este conocimiento son las de Cristo. En el capítulo 3 de Juan desarrolla la idea del bautismo, de la cual nos explayaremos más adelante. Simplemente nos detendremos en la pregunta que hemos realizando anteriormente: ¿por qué debemos bautizarnos?

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3; RV1960)

Así como encontramos en la negativa,

NO BAUTIZARSE = NO PODER VER EL REINO DE DIOS

Hallamos una promesa preciosa al afirmar sus palabras,

SI SE BAUTIZA = USTED PUEDE VER EL REINO DE DIOS

¿Y qué significa “ver el reino de Dios”? Cuando el Señor Jesús comenzó su ministerio, inició el mismo predicando sobre el “reino de Dios”:

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Marcos 1:14-15; RV1960)

Este evento en particular es descrito por el evangelio de Lucas, y nos amplía en detalle en qué consistía la predicación del “reino de Dios”:

Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” (Lucas 4:14-21; RV1960)

Los judíos contemporáneos a Cristo tenían una falsa comprensión sobre la venida y la misión del Mesías. Ellos creían que vendría en toda su gloria, como un Rey, para librarlos del yugo romano en el que estaban sujetos.

Cuando apareció el divino Salvador, no presentaba las características que los judíos tenían por ciertas. Sin embargo, Jesús traía un mensaje sobre la llegada del Reino de Dios. Este reino no consistía en grandes ejércitos, una ciudad fortificada, la liberación política y económica de los romanos y la gloria que todo un rey se merece.

Según la profecía que Jesús cita de Isaías, el reino de Dios se acercó y sus tiempos se cumplieron en la llegada del Mesías al mundo, “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2° Corintios 5:19; RV1960).

El reino que vino a instituir Jesús fue el reino de la gracia:

para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.” (Rom 5:21 RV1960)

Y ese reino se termina de instituir cuando “haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia”:

Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1° Corintios 15:21-28; RV1960)

Por lo tanto el reino de Dios, aquel reino de la gracia que vino a instituir nuestro Señor Jesús, es el plan de salvación puesto en acción. Aquellas figuras y símbolos que encontramos en el pacto dado por Dios al pueblo de Israel, ahora se encontraron con su anti-tipo. Al cumplirse los tiempos, el reino de Dios se hizo manifiesto; sin embargo no dejó sin efecto la Ley dada al pueblo de Dios.

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” (Mateo 5:17-18; RV1960)

Todos los actos que realizaba el pueblo de Dios para limpiar sus pecados lo hacían en la fe de Aquél que vendría, creyendo en el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Pero hecho presente el Cordero en los tiempos establecidos, los sacrificios y ofrendas caducaron ante la magnificencia del Don dado por el Altísimo.

Concluimos entonces, que el bautismo nos habilita para “ver”, para “comprender” el reino de Dios. Es decir, nos permite vislumbrar el plan de salvación puesto en marcha por Dios el Padre y su Hijo Jesucristo.

BAUTISMO = VER EL REINO DE DIOS = VER EL PLAN DE SALVACIÓN

El BAUTISMO es el símbolo del proceso de la CONVERSIÓN y SANTIFICACIÓN del CRISTIANO”

Simplemente no nos basta con creer, hace falta ser bautizados para nuestra salvación:

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:16; RV1960)

¿Por qué no sirve simplemente creer? Porque hasta los demonios creen…

Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” (Santiago 2:19; RV1960)

Pero para entender mejor este asunto, vayamos al comienzo del bautismo, al lugar exacto cuando comenzó todo esto. Consideremos ahora… “El Bautismo de Juan” (no te pierdas nuestra próxima publicación!)

Dios sea contigo siempre!

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