Los Muertos Nada Saben

muertos

  1. La Biblia compara la muerte con el sueño 

“Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto” (Juan 11:11-14)

“Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte” (Salmos 13:3)

 

  1. Los muertos en Cristo resucitaran en su segunda venida 

“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.” (1 Tesalonicenses 4:15-16)

 

  1. Existen solo dos resurrecciones: una para vida y otra para muerte 

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28-29)

 

  1. El alma es la unión del cuerpo y el aliento de vida 

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” (Génesis 2:7)

 

  1. Cuando morimos, el cuerpo regresa al polvo y el espíritu vuelve a Dios 

“y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.” (Eclesiastés 12:7)

“Si escondes tu rostro, se turban. Si les quitas el aliento, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu aliento y se crean, y renuevas la faz de la tierra.” (Salmos 104:29-30)

 

  1. El espíritu es lo mismo que el soplo de vida de Dios.

“Mientras me quede vida, y haya aliento [rúakj / espíritu] de Dios en mi nariz” (Job 27:3)

 

  1. Cuando el soplo o espíritu vuelve a Dios los pensamientos perecen 

“No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos.” (Salmos 146:3-4)

 

  1. Los seres humanos no poseen inmortalidad, solo Dios la tiene

“el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.” (1° Timoteo 6:16)

 

  1. El hombre busca la inmortalidad porque no la posee

“vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Romanos 2:7)

 

  1. Recibiremos la inmortalidad cuando Cristo regrese a buscarnos

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” (1° Corintios 15:51-54)

 

  1. Los muertos no alaban a Dios

“No alabarán los muertos a JAH, Ni cuantos descienden al silencio” (Salmos 115:17)

 

  1. David no ascendió a los cielos cuando murio

“Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra” (Hechos 2:34)

 

  1. En el sepulcro no hay memoria de Dios

“Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará?” (Salmos 6:5)

 

  1. Los muertos nada saben

“Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.” (Eclesiastés 9:5-6)

 

  1. Los justos serán resucitados en el día final para ver a Dios

“Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26)

 

  1. El alma (persona) que pecare, morirá

“He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.” (Ezequiel 18:4)

 

  1. La paga del pecado es muerte. La muerte es la ausencia de la vida. El don de Dios es vida eterna.

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23)

 

  1. El apóstol Pablo esperaba la venida del Señor para obtener su recompensa final 

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:7-8)

 

  1. Los héroes de la Biblia todavía no alcanzaron la recompensa final

“Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” (Hebreos 11:39-40)

 

  1. Cuando Jesús vuelva, traerá consigo la recompensa de vida eterna

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” (Apocalipsis 22:12)

“pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2° Timoteo 1:10)

 

  1. Consuelo frente a la muerte y promesa de vida eterna 

“Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.” (Isaías 25:8)

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21:1,4)

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:17-18)




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