Profecías

Introducción: La Gran Profecía del Río Hidekel (Daniel 10:1-21)

Una explicación comentada de los capítulos 10 al 12 de Daniel, por Leandro Pena

Introducción

“Leed el libro de Daniel. Recordad punto por punto la historia de los reinos que allí se presenta. Contemplad a los estadistas, los concilios, los ejércitos poderosos, y ved cómo Dios obró para abatir el orgullo humano y humilló hasta el polvo la gloria humana. Sólo Dios es presentado como grande. En la visión del profeta se lo ve derribando a un poderoso gobernante y colocando a otro. Se lo revela como el monarca del universo que está por establecer su reino eterno: el Anciano de días, el Dios viviente, la Fuente de toda sabiduría, el Gobernante del presente, el Revelador del futuro. Leed y comprended cuán pobre, cuán frágil, cuán efímero, cuán falible, cuán culpable es el hombre que eleva su alma a la vanidad… La luz que Daniel recibió directamente de Dios le fue dada especialmente para estos últimos días. Las visiones que tuvo a orillas del Ulai y del Hidekel, los grandes ríos de Sinar, ahora están en el proceso de su cumplimiento, y pronto habrán sucedido todos los acontecimientos predichos (Carta 57, 1896).”

Elena G. de White, Comentario Bíblico Adventista, Tomo 4, p.1188.

“Ha de proclamarse un mensaje que despierte a las iglesias. Ha de hacerse todo esfuerzo para dar la luz, no sólo a nuestro pueblo, sino al mundo. Se me ha instruido en el sentido de que las profecías de Daniel y el Apocalipsis deben imprimirse en libros pequeños, con las explicaciones necesarias, y deben enviarse al mundo entero. Nuestros mismos hermanos necesitan que se les presente la luz con más claridad.”

Elena G. de White, Testimonios para los Ministros, Capítulo 3, p.117

Daniel 10

Introducción: así Daniel recibió la visión

1. En el tercer año de Ciro rey de Persia [año 536-535 d.C., también año 1º de Dario], fue revelada palabra a Daniel, cuyo nombre era Beltsasar; y la palabra era verdadera, mas el tiempo fijado era largo; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión.

2. En aquellos días yo Daniel me contristé por espacio de tres semanas.

3. No comí pan delicado, ni entró carne ni vino en mi boca, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron tres semanas.

4. Y a los veinticuatro días del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel;

5. Y alzando mis ojos miré, y he aquí un varón vestido de lino [es Jesucristo en su ropaje sumo-sacerdotal, durante el día de expiación], y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz:

6. Y su cuerpo era como el berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce resplandeciente, y la voz de sus palabras como la voz de una multitud. [misma descripción que en Apocalipsis 1:13-15] 1

7. Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo; sino que cayó sobre ellos un gran temor y huyeron a esconderse. [Ver un caso similar en Hechos 9:3-9, durante la conversión de Saulo de Tarso]

8. Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí; antes mi fuerza se me cambió en debilidad, sin retener vigor alguno.2

9. Pero oí la voz de sus palabras [las de Jesús]; y oyendo la voz de sus palabras, estaba yo adormecido sobre mi rostro, y mi rostro en tierra.

10. Y he aquí una mano me tocó [las manos del ángel Gabriel], e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.

11. Y me dijo [el ángel Gabriel]: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y levántate sobre tus pies; porque a ti he sido enviado ahora. Y cuando él [Gabriel] hablaba conmigo estas palabras, yo estaba temblando.

12. Entonces me dijo [el ángel Gabriel]: Daniel, no temas; porque desde el primer día que diste tu corazón a entender, y a afligirte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.

13. Mas el príncipe del reino de Persia se puso contra mí veintiún días; y he aquí, Miguel [que es Cristo Jesús, ver Apocalipsis 12:7-9; Judas 9; Zacarías 3:1-4], uno de los principales príncipes, vino para ayudarme [una batalla espiritual, entre Miguel y sus ángeles, y Satanás y sus ángeles, Apoc. 12:7-9], y yo quedé allí con los reyes de Persia.3

14. Yo he venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es aún para muchos días [conecta con el capítulo 11 y 12 de Daniel, es el inicio de toda la profecía desarrollada en los próximos capítulos];

15. y cuando él habló conmigo estas palabras, puse mi rostro en tierra, y enmudecí.

16. Mas he aquí, como una semejanza de hijo de hombre [Cristo Jesús] tocó mis labios. Entonces abrí mi boca, y hablé, y dije a aquel que estaba delante de mí [a Cristo Jesús]: Señor mío, con la visión se revolvieron mis dolores sobre mí, y no me quedó fuerza.

17. ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con este mi señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me ha quedado aliento.

18. Y aquella como semejanza de hombre [Cristo Jesús] me tocó otra vez, y me fortaleció;

19. y me dijo [Cristo Jesús]: Varón muy amado, no temas; paz a ti; ten buen ánimo, y esfuérzate. Y hablando él conmigo recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.

20. Y dijo [el ángel Gabriel]: ¿Sabes por qué he venido a ti? Porque luego tengo que volver para pelear con el príncipe de Persia; y saliendo yo, he aquí, el príncipe de Grecia vendrá.

21. Pero yo te declararé lo que está anotado en la Escritura de la verdad. Y ninguno hay que se esfuerce conmigo en estas cosas, sino Miguel vuestro príncipe [Cristo Jesús].

Daniel 11

1. Y en el año primero de Darío el medo [536-535 a.C.], yo estuve [el ángel Gabriel] para animarlo y fortalecerlo.


1 4CBA 1194. —Nadie menos que un personaje como el Hijo de Dios se la apareció a Daniel. Esta descripción es similar a la que Juan dio cuando Cristo se le reveló en la isla de Patmos. Ahora viene nuestro Señor con otro mensajero celestial para enseñarle a Daniel lo que sucedería en los últimos días. Este conocimiento le fue dado a Daniel y ha sido registrado por la Inspiración para nosotros a quienes han alcanzado los fines de los siglos (RH 8-2-1881).

2 DMJ 18. —Quien contemple a Cristo en su abnegación y en su humildad de corazón, no podrá menos que decir como Daniel: “Mi fuerza se cambió en desfallecimiento”.* El espíritu de independencia y predominio de que nos gloriamos se revela en su verdadera vileza, como marca de nuestra sujeción a Satanás. La naturaleza humana pugna siempre por expresarse; está siempre lista para luchar. Mas el que aprende de Cristo renuncia al yo, al orgullo, al amor por la supremacía, y hay silencio en su alma.

3 PR 418-419. —Mientras Satanás estaba procurando influir en las más altas potestades del reino de Medo – Persia para que mirasen con desagrado al pueblo de Dios, había ángeles que obraban en favor de los desterrados. Todo el cielo estaba interesado en la controversia. Por intermedio del profeta Daniel se nos permite vislumbrar algo de esta lucha poderosa entre las fuerzas del bien y las del mal. Durante tres semanas Gabriel luchó con las potestades de las tinieblas, procurando contrarrestar las influencias que obraban sobre el ánimo de Ciro; y antes que terminara la contienda, Cristo mismo acudió en auxilio de Gabriel. Este declara: “El príncipe del reino de Persia se puso contra mí veintiún días: y he aquí, Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y yo quedé allí con los reyes de Persia.” (Dan. 10: 13.) Todo lo que podía hacer el cielo en favor del pueblo de Dios fue hecho. Se obtuvo finalmente la victoria; las fuerzas del enemigo fueron mantenidas en jaque mientras gobernaron Ciro y su hijo Cambises, quien reinó unos siete años y medio.

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