Salud

El milagro de los alimentos vivos.

Nacida en 1881, la Dra. Kirstine Nolfi – una de las más eminentes defensoras de la salud pública de Dinamarca- se graduó en medicina en 1907 y pasó los siguientes doce años trabajando en un Hospital Comunitario en Copenhague y en diversos hospitales infantiles de Dinamarca. Tuvo su propio consultorio y fue reconocida como especialista en enfermedades infantiles.

A partir de 1945, dirigió el Sanatorio de Crudivorismo Humlegaarden, en Dinamarca, con mucho éxito.

Esta es la experiencia de esta médica que compartiré con ustedes en varias publicaciones.

Mi experiencia con los alimentos vivos

¡Médico cúrate a ti mismo!

Lo que me motivo como médica adoptar una alimentación compuesta exclusivamente de frutas y hortalizas crudas fue una consecuencia de padecer cáncer de mama.

Como de costumbre, esta enfermedad fue precedida  por un período de alimentación deficiente y hábitos de vida errados, principalmente en los doce años de trabajo en el hospital. Allí sufrí de constipación y gastritis. Una úlcera gástrica casi provoca mi muerte debido a una hemorragia en una ocasión.

Fue entonces que decidí hacerme vegetariana abandonando las carnes de todo tipo. Mas tarde comencé a comer frutas y hortalizas crudas, aumentado la cantidad paulatinamente. Mi digestión y salud mejoró, realmente me estaba sintiendo bien.

Después de diez años de alimentación  que consistía en un 50 a 75% de hortalizas y frutas crudas, sentía un cansancio constante, más no conseguía diagnosticar ninguna causa definida. En la primavera de 1940, descubrí, por casualidad un pequeño nódulo en mi mama derecha. Cinco semanas más tarde descubrí que el tumor había crecido al tamaño de un huevo y estaba adherido a la piel. Solamente el cáncer se comporta así.

En un congreso de oncología en Finlandia un eminente oncólogo había dicho “El tratamiento habitual del cáncer es apenas paliativo, pues no sabemos cual es la causa”. Por esto decidi que no me sometería a los tratamientos convencionales. ¿Qué haría entonces?  Comencé una alimentación 100% cruda. Con mi propia vida en juego, fui obligada a probar una alimentación regular de este tipo.

Partí en busca de la naturaleza. Me instalé en una barraca y comía alimentos crudos exclusivamente. Tomaba baños de sol algunas horas por día, cuando el calor era muy fuerte me sumergía en el mar.

Durante los dos primeros meses, continúe muy cansada y el tumor no disminuía. Fue entonces que mi recuperación comenzó. El tumor disminuyó y comencé a recuperar energías. Hacía muchos años que no me sentía tan bien.

Antes había consultado al Dr. Hindhede, renombrado médico dinamarqués, el cual me recomendó no someterme a una biopsia. Ambos sabíamos que esa intervención abriría los vasos sanguíneos ayudando al cáncer a esparcirse. Por lo tanto desistí de esa idea en 1948.

Cuando me estaba sintiendo bien, luego de un año de alimentación cruda al 100% (frutas y hortalizas) regresé a mi alimentación anterior vegetariana de 50 a 75% de alimentación cruda. Tres a cuatro meses después, comencé a sentir dolores agudos tan pronto como el tumor volvió a adherirse a la piel. El dolor aumentaba a la par del crecimiento del tumor. Volví a la alimentación cruda en un 100%. El dolor revirtió rápidamente, así como el cansancio.

Al convertirme en médica que intentaba curar a los pacientes…fui condenada.

Como médica yo quería usar mi experiencia para ayudar a otros. Mi marido y yo construimos, en nuestra casa, un solárium con capacidad para acomodar cuatro o cinco personas para el verano siguiente. Todos comíamos alimentación vegetariana cruda al 100%, y los pacientes se recuperaban.

La alimentación consistía exclusivamente en frutas y hortalizas crudas. Los pacientes eran pocos inicialmente para comprobar la experiencia. Comprendí que para ser comprobada, esta causa debería ser defendida en condiciones bien diferentes y a mayor escala. Mientrastanto, vendimos nuestra casa en Copenhague y compramos una propiedad en Hulegaarden, al sur de Elsinore, donde instalamos un sanatorio en 1950.

Durante estos acontecimientos, las autoridades médicas comenzaron a notar los buenos resultados obtenidos con mi tratamiento natural y ¡no les gusto! Cuando dos de mis pacientes fallecieron de diabetes (quienes me habia consultado tarde), las autoridades médicas me responsabilizaron por su muerte, alegando que no le había administrado insulina suficiente.

El juez y los dos jurados (un herrero y un labrador) me sentenciaron y fui prohibida de ejercer la medicina por un año. Si los tribunales fuesen a juzgar a todos los médicos responsables por la muerte de sus pacientes, ningún médico tendría la posibilidad de ejercer su profesión. Si yo hubiese tratado a mis pacientes solo con medicamentos nada hubiese acontecido. Pero como los estaba tratando con métodos naturales, fui condenada.

Poco tiempo después, fui nuevamente acusada, por el fallecimiento de dos pacientes, uno con cáncer y otro con tuberculosis. Un paciente con cáncer no consiguió seguir la dieta de alimentos vivos debido a la guerra, cuando las frutas y hortalizas crudas eran difíciles de encontrar. La enferma de tuberculosis vivía muy lejos de mí y lo había visto apenas una vez; ella tampoco consiguió seguir una dieta de alimentos vivos y falleció.

Fui nuevamente acusada por mis antiguos colegas como responsable por las dos muertes e intimada a comparecer ante el tribunal. En esta oportunidad el jurado estaba formado por dos hombres de ideas más amplias, los cuales se reusaron a responsabilizare por el fallecimiento de los pacientes. El juez no estuvo de acuerdo con los jurados y se puso del lado de los médicos. Fui acusada de impericia médica.

Yo podría haber acudido a una contrasentencia , pero estaba cansada y exausta de luchar contra mis antiguos colegas, organizados y poderosos.

Por consejo de mi abogado, me sometí a un acuerdo él había combinado con el tribunal. Fui forzada a firmar un documento comprometiéndome a no practicar nunca más la medicina en Dinamarca.

Curando sin medicamentos.

Así, dejé de tratar a mis pacientes con medicamentos y, desde entonces, los traté a todos con métodos naturales, es decir, con alimentos vivos. Los resultados que obtuve fueron impresionantes. El sanatorio, Humlegaarden, siempre tiene una lista de espera. No lamento haber terminado con la profesión médica y estoy feliz por encontrarme en el camino de la cura natural.

“Muchos pacientes todavía creen que existe un medicamento específico, milagroso e infalible para cada enfermedad. Afirman que no precisan dar mucha atención a la alimentación y al estilo de vida. Esa es una creencia peligrosa, porque es muy difícil pesquisar y eliminar las causas de las enfermedades, y mucho más cómodo controlar solamente los síntomas.” Dr. Mikkel Hindhede

Gracias a la persecución de mis antiguos colegas, mi reputación creció enormemente en todos los países escandinavos. Esa propaganda fue más provechosa que cualquier propaganda paga. Mis antiguos colegas actuaron como agentes de propaganda y he recibido publicidad gratis en todos los diarios escandinavos.

Durante la persecución que sufrí, fui llamada charlatana, más ahora los médicos cambiaron de opinión. Los pacientes que les comentan los buenos resultados obtenidos en mi sanatorio, dicen que soy una buena oyente y una buena persona. Estos médicos no quieren admitir que los alimentos vivos causaron los buenos resultados.

Tengo la certeza de que los alimentos vivos se esparcirán por todo el mundo y ayudarán a librar a la humanidad que sufre de enfermedades del cuerpo y de la mente.

Continuará

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