Salud

El milagro de los alimentos vivos (Parte 2)

Detalles sobre la alimentación regeneradora

No hay leucocitosis con los alimentos vivos

Debo aquí mencionar la leucocitosis fisiológica. Este término deriva del “leucocito”, nombre oficial de los glóbulos blancos de la sangre. Normalmente un mm3 de sangre contiene 6.000 glóbulos blancos más cuando comemos alimentos muertos (principalmente dulces y bollos), el número de leucocitos en sangre se triplican, llegando a 18.000 por mm3. Como los leucocitos son los defensores de del organismo y siempre aparecen cuando hay peligro, esto nos demuestra que la sangre está fuertemente envenenada por los alimentos muertos que comemos. Imaginemos el trabajo que le generamos a los leucocitos de nuestro organismo al alimentarnos así, varias veces al día.

El consumo regular de frutas y hortalizas crudas nunca causa leucocitosis fisiológica o digestiva.

Los productos naturales constituyen una unidad en donde sus componentes están equilibrados en proporciones exactas. Cuando separamos el jugo de la pulpa, ambas partes se tornan incompletas. Además de esto, al beber el jugo sin salivar y beber más de lo que el jugo digestivo es capaz de digerir, estamos nutriendo a la enfermedad y no nuestra salud.

El equilibrio ácido base

Hagamos una comida de frutas por la mañana y otro por la noche. Al mediodía, hagamos un comida de hortalizas crudas. Nunca debemos comer frutas y hortalizas en una misma comida. Mientras las hortalizas requieren un medio digestivo ácido, las frutas requieren un medio digestivo alcalino.

El consumo de alimentos crudos varia naturalmente de acuerdo a la estación del año. Si los dientes son fuertes, las frutas y hortalizas pueden ser simplemente lavadas e ingeridas. Si no pueden ser bien masticadas, deben ser finamente picadas. Debemos, entonces, comerlas inmediatamente para no perder 20% al 25% de las vitaminas. Las hojas son cortadas en pequeños pedazos; las raíces y los tubérculos son rayados.  Los brotes de granos y las hojas verdes pueden ser picados, pero no deben ser procesados en un centrifugador (multiprocesadoras o licuadoras). Las hortalizas picadas necesitan ser ingeridas luego, ya que se marchitan rápidamente, aunque estén cubiertas. Los alimentos crudos deben ser bien masticados, hasta que se tornen casi líquidos. De la misma forma, los alimentos rallados deben estar bien mezclados con saliva.

“La primera condición para una digestión es masticar. La saliva debe mezclarse con los alimentos e impregnarlos.” Sebastián Kneipp (1821-1897)

Tomamos en ocasiones leche en todas las comidas (de 250 a 500 ml por día), yogurt, kéfir, crema de leche, manteca. Las grasas que el cuerpo precisa pueden ser producidas por el propio organismo a partir de las hortalizas, exactamente como la vaca produce grasas de las hierbas que come. Las grasas obtenidas de esta forma son mejores alimentos, son alimentos básicos vivos.

Junto con las frutas, comemos en la mañana y a la noche, centeno germinado, trigo germinado y chícharos germinados. La cebada y la avena llevan mucho tiempo germinar y se agrian rápidamente. Las nueces, almendras y principalmente el coco, son alimentos ideales. Las comidas de hortalizas consisten en hojas verdes, raíces, tubérculos, una cucharadita de miel, junto con tomates y pepinos.

En Humlegaarden no tomamos aceite de hígado de bacalao como fuente de vitamina D. La cantidad mínima que precisamos de esta vitamina es producida por la luz del sol sobre el rostro y las manos, la cual sirve como reserva en nuestras glándulas supra renales para ser utilizada en el invierno. Además, si consumimos alimentos crudos y nos asoleamos durante todo el año, la vitamina D puede producirse a partir de los propios alimentos vivos, iluminados por el sol.

La cantidad de vitaminas y sales minerales de los alimentos vegetales, asimismo como su capacidad de formar ácidos o bases, depende en gran parte  de la cantidad de sales minerales del suelo de donde provienen. Y esto a su vez, depende en gran parte de como este suelo es tratado y abonado.

¿Cómo logramos la transición?

¿Cómo toleramos la súbita transición a un consumo regular de alimentos crudos? De modo general, nosotros lo hemos tolerado muy bien. En caso de gastritis o úlceras de estómago, debe tenerse ciertos cuidados. En estos casos, el mejor alimento son las papas crudas (rayadas o en jugo).

Inicialmente, luego de la primera o segunda comida, el individuo que comenzó la transición, tal vez sienta dolor de cabeza y otros síntomas de intoxicación del organismo por el ácido úrico. Tal vez sufra de gases en los primeros días.

Los pacientes que llegaban a nuestra clínica generalmente se encontraban cansados. Para ellos lo mejor era el descanso al aire libre y dormir con las ventanas abiertas.

“Nunca debemos incentivar a un enfermo a comer cuando está sin apetito. La alimentación insensata del paciente mata más personas que la propia enfermedad”. Christian Wilhem Hukland (1762-1836)

Nadie siente hambre o sed cuando se adopta una alimentación cruda.

El valor nutritivo de la alimentación cruda

Es perfectamente posible trabajar, hasta hacer trabajos pesados con este tipo de alimentación. Es más fácil trabajar siguiendo esta alimentación que con la alimentación habitual. Esto se aplica tanto a los trabajos físicos como mentales. La persona se siente mucho mejor al tener una alimentación cruda de lo que se sentía en años anteriores. Entretanto, es necesario que el organismo sea lo suficientemente fuerte para aprovechar la alimentación cruda. Muchas veces la persona llega demasiado tarde para verse beneficiado por ella.

¿Porque el uso de una alimentación cruda tiene un efecto tan beneficioso sobre la salud de las personas?

En primer lugar, las frutas y hortalizas crudas son alimentos vivos, que nos ofrece la naturaleza. Sabemos que toda la vida sobre la tierra depende del sol. Sin el sol el mundo sería oscuro, frío y sin vida. Por lo tanto, la fuerza vital es sinónimo de energía solar. Así, las plantas, con sus hojas verdes son capaces de asimilar la luz del sol y depositarla en las raíces y tubérculos, frutas y semillas. Los hombres y animales somos incapaces de asimilar directamente la luz del sol en la dosis necesaria. Es por esto que necesitamos de las plantas como intermediarios entre nosotros y el sol.

Los alimentos vegetales frescos y crudos son alimentos vivos, fuente de energía solar y fuente de vida. Los vegetales frescos y crudos poseen un valor nutritivo elevado, que no puede ser mejorado por nada. Cuando la planta muere, reducimos este valor. Secar, fermentar, hacer conservas, hervir o asar los vegetales, reduce su valor nutritivo. Cuando el alimento pierde la vida, también pierde su sabor.

Los vegetales cocidos no tienen sabor propio, por ello debemos hacer alguna cosa para mejorarlo: mezclamos varios alimentos (muchos más de los que nuestro estómago y sus jugos gástricos puede digerir), adicionamos sal, azúcar, manteca o aceites.

Retiramos el germen a la harina de trigo para hacer la harina. Refinamos el arroz, la caña de azúcar, sacamos la piel y cáscara a semillas y frutas. Pelamos las papas y zanahorias. Agregamos a nuestras comidas una enorme cantidad de proteínas animales provenientes de las carnes vacunas, peces y aves, huevos y leche.  La albúmina (principal proteína de origen animal) si está en exceso debe ser eliminada del organismo. Ella fermenta en los órganos digestivos, se pudre y genera toxinas.

Como envejecemos prematuramente

Tomamos bebidas tales como el café, té, mate, cacao, etc., que contienen venenos los cuales primeramente estimulan la corteza cerebral y luego paralizan. Preservamos alimentos muertos por medio de productos químicos como el ácido benzoico, ácido salicílico, salitre, ácido bórico y ácido tiosulfúrico, para conservarlos y para que tengan un buen aspecto.

¡Y no sólo eso! Tomamos analgésicos, sedantes para dormir, laxantes, venenos químicos poderosos que son sustancias extrañas al organismo. Fumamos, inhalando nicotina, la cual aún en pequeñas cantidades es un veneno peligroso que daña el corazón. El envenenamiento crónico con nicotina – o por las sustancias que contiene el cigarro – es considerado por los científicos americanos como una de las causas principales de enfermedades cardíacas que mata tantos hombres antes de los cincuenta años.  El humo causa laringitis, y predispone al cáncer de garganta, de los pulmones,  o gastritis, que en la mayoría de los casos mejora al abandonar el cigarrillo.

El humo nos envejece precozmente, tanto interna como externamente. Finalmente el humo es uno de los factores de la enfermedad de Burger, que causa flebitis y gangrena en piernas y pies, muchas veces a personas jóvenes. Los alimentos crudos permiten vencer el vicio del humo. Descubrí que lo pacientes que se sometían totalmente a una alimentación cruda, pierden rápidamente los deseos de fumar.

No podemos también olvidar que cultivamos las plantas de manera errada, pulverizando los árboles frutales y las plantaciones con venenos químicos poderosos. El suelo fertilizado con productos químicos corre el riesgo de tornarse tan enfermo como un hombre con exceso de acidez, sobrealimentado, de donde provienen plantas enfermas, inadecuadas para el consumo humano.

En resumen, echar a perder los alimentos crudos – una alimentación viva  natural- de la forma más absurda, ignorando completamente las consecuencias para nuestra salud. No percibimos o no entendemos, la enorme diferencia entre una alimentación cruda e un lado y una alimentación habitual (vegetariana), por el otro. Los alimentos muertos (vegetales cocidos, asados, etc.) y los alimentos de origen animal se pudren en nuestro tracto digestivo, donde la temperatura es cercana a los 37º. Producen heces repulsivas y transforman nuestro tubo digestivo en una fosa séptica (infecciosa). El resultado de esto es una sangre contaminada, que gradualmente envenena al organismo.

Por otro lado, las frutas y vegetales crudos – los alimentos vivos, los alimentos ricos en energía solar- disuelven y eliminan esos tóxicos. Son fácilmente digeridos y producen poca materia fecal. Protegen y fortalecen el organismo gracias a su contenido vivo en enzimas, vitaminas y minerales en combinaciones naturales y una proporción adecuada.

Vea a los animales. Piense en el pequeño caballo. El consigue correr con un hombre las costas a 10 kilómetros por hora durante doce horas, por caminos accidentados. ¿De que se alimenta él? Paja, heno y tal vez un poco de avena y vive al aire libre el año entero. ¡Piense en el buey o el elefante! Ellos viven de hierba y hojas de los árboles. Ellos consiguen un peso enorme y una fuerza tremenda.

Para comparar piense en los animales que devoran carne –chacales, hienas, buitres- que viven de animales muertos. Son bichos cobardes y flacos que exhalan un aliento desagradable! Existen centenas de millares de especies diferentes de animales y todos ellos –con excepción de los que comen carne (necrófagos)- todos consumen  alimentos vivos. Las otras excepciones son los animales domésticos que enferman por la alimentación balanceada.

Reflejado así, las personas perciben que nuestra alimentación no es natural. Es desvitalizada y extremadamente destructiva. Es la causa más grave y generalizada de enfermedades físicas y mentales y de la degeneración del organismo. Precisamos encontrar el camino para una alimentación y un estilo de vida más saludables, si deseamos crear un mundo más equilibrado y feliz. No podemos hacer concesiones cuando la salud y la vida están en juego. Necesitamos seguir un único camino, el de la alimentación cruda y hábitos simples y naturales, que son consecuencia de nuestra dieta. Esta manera de actuar tiene un efecto curativo no solamente sobre un órgano o enfermedad específica, sino sobre todo el organismo. Ella cura no solo las enfermedades contraídas durante nuestra vida, sino que mejora ciertas enfermedades que son una consecuencia de predisposición hereditaria.

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One Comment
  • Jaime
    24 julio 2012 at 6:42 pm
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    muy bueno !!

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