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El Canto de la experiencia

“Miré, y vi al Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él 144.000 que tenían el Nombre del Cordero y el nombre de su Padre escrito en sus frentes.  Y oí una voz del cielo como el estruendo de muchas aguas, como el estampido de un gran trueno.  Sin embargo, era el sonido de arpistas que tañían sus arpas. 
Cantaban un canto nuevo ante el trono, ante los cuatro seres vivientes y ante los ancianos.  Y ninguno podía aprender ese canto sino los 144.000 que fueron redimidos de entre los de la tierra.”

                                                                                                                        (Apocalipsis 14:1-3)
“Y cantaban el canto de Moisés siervo de Dios, y el canto del Cordero, diciendo: “¡Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso! ¡Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones!”                                                                                                          (Apocalipsis 15:3)
Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu herencia, en el lugar de tu habitación que tú has preparado, oh Eterno, en el santuario que afirmaron tus manos. El Eterno reinará por los siglos de los siglos”.                                                                                                                (Éxodo 15: 17,18)

“Delante del trono, sobre el mar de cristal, -ese mar de vidrio que parece revuelto con fuego por lo mucho que resplandece con la gloria de Dios- hállase reunida la compañía de los que salieron victoriosos “de la bestia, y de su imagen, y de su señal, y del número de su nombre.” Con el Cordero en el monte de Sión, “teniendo las arpas de Dios,” están en pie los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los hombres; se oye una voz, como el estruendo de muchas aguas y como el estruendo de un gran trueno, “una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas.” Cantan “un cántico nuevo” delante del trono, un cántico que nadie podía aprender sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil. Es el cántico de Moisés y del Cordero, un canto de liberación. Ninguno sino los ciento cuarenta y cuatro mil pueden aprender aquel cántico, pues es el cántico de su experiencia -una experiencia que ninguna otra compañía ha conocido jamás. Son “éstos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere.” Habiendo sido trasladados de la tierra, de entre los vivos, son contados por “primicias para Dios y para el Cordero.” (Apocalipsis 15: 2, 3; 14: 1-5.) “Estos son los que han venido de grande tribulación;” han pasado por el tiempo de angustia cual nunca ha sido desde que ha habido nación; han sentido la angustia del tiempo de la aflicción de Jacob; han estado sin intercesor durante el derramamiento final de los juicios de Dios. Pero han sido librados, pues “han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero.” “En sus bocas no ha sido hallado engaño; están sin mácula” delante de Dios. “Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono tenderá su pabellón sobre ellos.” (Apocalipsis 7: 14, 15.) Han visto la tierra asolada con hambre y pestilencia, al sol que tenía el poder de quemar a los hombres con un intenso calor, y ellos mismos han soportado padecimientos, hambre y sed. Pero “no tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá sobre ellos, ni otro ningún calor. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.” (Apocalipsis 7: 14-17.)
En todo tiempo, los elegidos del Señor fueron educados y disciplinados en la escuela de la prueba. Anduvieron en los senderos angostos de la tierra; fueron purificados en el horno de la aflicción. Por causa de Jesús sufrieron oposición, odio y calumnias. Le siguieron a través de luchas dolorosas; se negaron a sí mismos y experimentaron amargos desengaños. Por su propia dolorosa experiencia conocieron los males del pecado, su poder, la culpabilidad que entraña y su maldición; y lo miran con horror. Al darse cuenta de la magnitud del sacrificio hecho para curarlo, se sienten humillados ante sí mismos, y sus corazones se llenan de una gratitud y alabanza que no pueden apreciar los que nunca cayeron. Aman mucho porque se les ha perdonado mucho. Habiendo participado de los sufrimientos de Cristo, están en condición de participar de su gloria” (Conflicto de los Siglos págs. 707-708)
UN NUEVO CANTO EN NUESTRO CORAZÓN
“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.  Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová.” (Sal. 40: 3.)
El que cree en Cristo se hace uno con Cristo para mostrar la gloria de Dios, pues Dios ha puesto un nuevo cántico en su boca, una alabanza al Señor. Diariamente desea conocer más de Cristo para que pueda llegar a ser más como él.  Discierne las cosas espirituales y disfruta de la contemplación de Cristo; y al contemplarlo, es transformado imperceptiblemente a la imagen de Cristo… No hace depender la aceptación de Dios de lo que el pueda hacer, sino que descansa completamente en los méritos de la justicia de Cristo.  Sin embargo, sabe que no puede ser negligente y ser hijo de Dios.  Escudriña las Escrituras que testifican de Cristo ante él, que lo presentan como el Modelo perfecto…
A

nte su mente se despliega una verdad preciosa, y la recibe en el santuario íntimo de su alma.  Las atracciones del mundo le resultan insípidas pues la gloria y el valor de la eternidad se abren ante él.  Puede decir con el apóstol:   “No hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios” (1 Cor. 2: 12).

El que tiene una experiencia genuina en las cosas de Dios, no será indiferente para los que están en tinieblas, sino que preguntará: ¿Qué diría Jesús a estas pobres almas necesitadas?  Procurará hacer brillar su luz.  Orará en procura de sabiduría, gracia y tacto, para saber hablar una palabra en sazón al cansado.  En lugar de ocuparse de conversar de cosas baladíes, de chancear y bromear, será un mayordomo fiel de la gracia de Dios, aprovechará al máximo sus oportunidades, y la semilla sembrada brotará y dará frutos para vida eterna.  El tesoro de la verdad está en su corazón y puede producir buenas cosas” (Youth’s Instructor, 22-12-1892). (Alza tus Ojos pág.161)
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