En el artículo anterior, encontramos en la primer expresión de Jesús, una advertencia que debe ser tenida en cuenta por todo estudiante de la profecía, desde aquellos primeros discípulos hasta el tiempo final. “Mirad que nadie os engañe” resuena hasta el día de hoy.

¿Recuerdan a que estaba respondiendo Cristo cuando lo dijo? Si, a dos preguntas en una que les hicieron sus seguidores más cercanos: “…los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”

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“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.”(Mateo 24:3-4)

El terror y desconcierto se apodero de los seguidores más próximos al Salvador del mundo. No podían entender tamaña profecía: piedra sobre piedra del lugar donde creían morada del Dios Altísimo, sería derribada, hasta no quedar ninguna en pie. No comprendían aún que la iglesia remanente de su tiempo rechazaría a Jesús, y que a su vez sería rechazada como pueblo escogido de Dios. La destrucción de la iglesia escogida por Dios, la que nunca iba a caer, no estaba en los planes de sus discípulos. Un evento tal implicaba sin lugar a dudas el regreso del Mesías y el fin del mundo. No podía suceder de otra manera.

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“Éstos son los que no fueron contaminados con mujeres; porque son vírgenes. Éstos son los que siguen al Cordero por dondequiera que Él va. Éstos fueron redimidos de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.” (Apocalipsis 14:4)

Dice la Escritura, que en los últimos días el Señor levantaría un pueblo que seguiría al Cordero de Dios por doquiera que vaya. Para quienes tomen el valor de seguirle, nuestro Salvador ha declarado mientras estaba en esta tierra, una de las más grandes profecías sobre el tiempo del fin.

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TP - Apocalipsis 1

Publicado por: John García

I. Introducción

“En los días de los apóstoles, los creyentes cristianos estaban llenos de celo y entusiasmo. Tan incansablemente trabajaban por su Maestro que, en un tiempo relativamente corto, a pesar de la terrible oposición, el Evangelio del reino se divulgó en todas las partes habitadas de la tierra… Los miembros de la iglesia estaban unidos en sentimiento y acción. El amor a Cristo era la cadena de oro que los unía. Progresaban en un conocimiento del Señor cada vez más perfecto, y en sus vidas se revelaba el gozo y la paz de Cristo. Visitaban a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y se guardaban sin mancha del mundo, pues comprendían que de no hacerlo, estarían contradiciendo su profesión y negando a su Redentor. La obra se llevaba adelante en cada ciudad. Se convertían almas y a su vez éstas sentían que era su deber hablar a otros acerca del inestimable tesoro que habían recibido. No podían descansar hasta que la luz que había iluminado sus mentes brillara sobre otros. Multitudes de incrédulos se enteraron de las razones de la esperanza cristiana. Se hacían fervientes e inspiradas súplicas personales a los errantes, a los perdidos y a los que, aunque profesaban conocer la verdad, eran más amadores de los placeres que de Dios.

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TP - Daniel 1

Publicado por Leandro Pena

Introducción

Sin lugar a dudas, el momento histórico por el que estamos pasando a nivel global es único. Conflictos políticos, crisis económica, debacle financiera, desorden en todos los estamentos sociales, avance desmedido de una ciencia y tecnología que desconoce de las formas de ética y moral a las que el mundo estaba habituado, sumado a una extensa y compleja situación tanto en la salubridad como educación de la población, son moneda corriente. El crecimiento exponencial de estas y otras variables registradas en la realidad, no solo no dejan de sorprendernos sino que adormecen nuestra perceptibilidad de las cosas que suceden a diario. Seguramente la situación en la que estés viviendo no se refleje de la misma manera, pero en mayor o menor medida se percibe un grado de inestabilidad, de inseguridad, sobre todo al futuro. Sí, el futuro es un terreno al que todos desean alcanzar con pronósticos y especulaciones. Un espacio temporal oculto, cubierto por un velo. Hoy por hoy, cualquier información de lo que pueda acontecer mañana mueve millones. Mercados, acciones en la bolsa, alianzas y negocios giran en torno a ese vital conocimiento: el futuro.

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