En el artículo anterior, encontramos en la primer expresión de Jesús, una advertencia que debe ser tenida en cuenta por todo estudiante de la profecía, desde aquellos primeros discípulos hasta el tiempo final. “Mirad que nadie os engañe” resuena hasta el día de hoy.

¿Recuerdan a que estaba respondiendo Cristo cuando lo dijo? Si, a dos preguntas en una que les hicieron sus seguidores más cercanos: “…los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”

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“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.”(Mateo 24:3-4)

El terror y desconcierto se apodero de los seguidores más próximos al Salvador del mundo. No podían entender tamaña profecía: piedra sobre piedra del lugar donde creían morada del Dios Altísimo, sería derribada, hasta no quedar ninguna en pie. No comprendían aún que la iglesia remanente de su tiempo rechazaría a Jesús, y que a su vez sería rechazada como pueblo escogido de Dios. La destrucción de la iglesia escogida por Dios, la que nunca iba a caer, no estaba en los planes de sus discípulos. Un evento tal implicaba sin lugar a dudas el regreso del Mesías y el fin del mundo. No podía suceder de otra manera.

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“Veo, por cartas desde Nueva York que el Hermano Brown ha aceptado y ahora está predicando la teoría de que la tierra es plana. ¿Es posible que esta teoría haya sido traída por el hermano Wilcox de Inglaterra y que usted la ha aceptado y la está enseñando? Mi hermano, nuestro trabajo es enseñar el mensaje del tercer ángel. Apéguese al mensaje. Es una debilidad del Anciano Wilcox, esto de apegarse a aficiones y aferrarse a algunas cosas que sería mejor que él abandonara. Cualquier clase de teoría o pasatiempo que Satanás pueda crear para llevar a las mentes de los hombres a detenerse, él lo hará para llamar la atención, para que no se comprometan a dar el mensaje solemne para este tiempo. Mi hermano, no se enrede con ideas que no tienen ninguna conexión con el trabajo para este tiempo. Es mejor enseñar la verdad como es en Jesús. Mejor es buscar la verdadera piedad, la santidad del corazón, la libertad de todo egoísmo, la libertad de todas las envidias y celos. Es mejor orar y humillar el alma ante Dios y dejar que la tierra, redonda o plana, sea como Dios la haya hecho. Trate con seriedad, por la fiel permanencia en el hacer lo bueno, de buscar un título de propiedad en la herencia de la tierra hecha nueva. Mejor conduzca el rebaño de Dios a beber en los arroyos superiores; Mejor, por precepto y por ejemplo, busque a Dios mientras pueda ser encontrado. Invocadle mientras está cerca. Es necesario un avivamiento en la iglesia. Cuando los maestros están bebiendo tragos refrescantes del pozo de Belén, entonces pueden llevar al pueblo a las corrientes vivas. Mi alma está agobiada por la carga de la condición de las cosas en Nueva York. Que el Señor levante ayudantes, hombres a quienes Él pueda enseñar, hombres humildes a quienes Él pueda guiar a llevar un testimonio claro y agudo en la fe. Dios le ayude a buscar Su rostro, a andar con cuidado, a apartar el yo y a exaltar a Jesús.” (MANUSCRITOS LIBERADOS – TOMO 21 – PG 412)

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“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben acontecer pronto; y la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo, el cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que él vio.  Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” (Apocalipsis 1:1-3)

¿Cuán pronto es pronto? ¿Cuán cerca, es cerca? ¿Cuán breve, es breve? De seguro, ha sido la pregunta que Juan se realizó más de una vez, al igual que muchos estudiosos de la profecía bíblica. Sobre el Apocalipsis han surgido muchas interpretaciones, todas ellas procurando aclarar un asunto que el Señor nos ha dejado claramente revelado.

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Hoy en día, las religiones llamadas cristianas, se dividen en dos grupos, cuando el asunto es justificación por la fe.

De un lado los “de la ley “, o, de las obras, y del otro lado los “de la gracia”, o, de la fe.

Católicos y los que se denominan protestantes (Adventistas, luteranos y bautistas en la gran mayoría) están “Unidos” en una visión centrada en la ley, donde la ley y las obras son necesarias para la salvación. Pentecostales y evangélicos están unidos en la gracia, o fe, donde estas son todo lo que se necesita en el plan de la redención.

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“Éstos son los que no fueron contaminados con mujeres; porque son vírgenes. Éstos son los que siguen al Cordero por dondequiera que Él va. Éstos fueron redimidos de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero.” (Apocalipsis 14:4)

Dice la Escritura, que en los últimos días el Señor levantaría un pueblo que seguiría al Cordero de Dios por doquiera que vaya. Para quienes tomen el valor de seguirle, nuestro Salvador ha declarado mientras estaba en esta tierra, una de las más grandes profecías sobre el tiempo del fin.

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J. N. Loughborough fué el primer historiador de la denominación. Estuvo presente en más de 50 ocasiones en que Elena de White recibió visiones y relata los fascinantes fenómenos que las acompañaban. A pedido de Elena de White, escribió la historia del movimiento adventista en los siguientes libros: El Surgimiento y Progreso de los Adventistas del Séptimo Dia y El Gran Movimiento Adventista. El vibrante relato de este testigo ocular lo reavivará a usted. Loughborough dijo: “Ya existen muchos libros útiles a disposición del público, y mi justificación por añadir otro a la lista es que en estas páginas afirmo muchas cosas respecto de los adventistas, y especialmente, a los adventistas del séptimo día, que hasta ahora no habían salido a la luz en esta forma. Además, muchos que participaron de la causa en años posteriores, y que no fueron testigos de las cosas que se mencionan, han solicitado fervientemente una narración de estos hechos y experiencias de los que estuvieron antes de ellos en la obra. Por estar familiarizado con el movimiento adventista en 1843 y 1844, y habiendo proclamado la doctrina desde el 2 de enero de 1849, primero como un adventista, y desde 1852 como un adventista del séptimo día, estimo un placer ‘hablar de las cosas que he visto y oído’.”

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